//A París, por supuesto.
París, París de mi pecho.
Amo cada perla que vi surcar tu bandera,
y bendigo los segundos en que alguna me tocara.
Amo la poesía, toda ella te refiere.
Amo cada perla que vi brotar de tus prados,
y deseo tales veces en que alguna me alcanzara.
Región brillante y perlada,
región desde el tiempo eterno...
No hay maravilla más bella
que observar condecendiente
tu soberbia torre erguida;
acero fuerte que gesta
mis sueños y mis desvelos.
¡Traviesas perlas de Francia!
A veces, sola y sin prisa, evoco tu compañía.
Mi nación, México en pecho,
suplica desesperada nunca hacer callar tu nombre;
más aún desea nombrarte,
en un lánguido lamento:
¿Dónde estás París del pecho?
París, París...
Sabroso recuerdo de ciudad a donde vuelvo,
recorriendo paso a paso en la memoria,
las delicias de tu pueblo.
Un milagro sostenido altera mi subconciente:
el sentir la cercanía
de toda tu patria ausente.
Perlas en mi rostro, en el cuerpo y en el alma,
perlas del París del pecho;
Muy pronto, arrodilladas,
seas mis piernas las que vuelvan,
a cimbrar tu frontera nuevamente.
octubre 11, 2013
septiembre 22, 2013
Varios años luego de...
¿Y en qué momento se dice terminado el círculo? ...Cualquier círculo. Tan llenos como estamos de metáforas y analogías, tal vez la tierra -cuando acaba con su círculo- al comenzar un nuevo día... Puede ser que ese momento cada pocas horas afirme el final de un ciclo y el inicio de otro. Tanto hay de hacernos creer ello, llevarlo al plano de la esperanza.¿Y si fuera realmente así? ¿Y a dónde se me fueron las ganas? De un minuto a otro se pierde todo y se vuelve a ganar.¿Qué vida es ésta? Todo está tan encerrado. Me veo comprando y guardando toneladas de papeles preciosos de una calidad que da gusto de ver; me veo con oleo nuevo y carboncillo y todo... me veo guardando el material y contaminándome con él. Veo mi fin desde aquí. No me veo usándolo, no acabando con la materia prima inacabable de la que el mundo está lleno. Este mundo mio. Que absurdo miedo al desborde, al colapso, a la verdad. Que gastadera inútil de sentimiento y de palabras mal logradas. Ahorradas. Sucias. Que inútil ahorrar por nada. Contaminada por miedo al desgaste. Gastada por no gastarse. Gastadas por haberse ahorrado. Tremenda ironía del círculo y de las tesis de mi vida. Tremenda porquería de materiales nuevecitos sin tocar. Y mañana un nuevo día para iniciar con lo mismo, mis frenos no son suficientes; también me gasté mis frenos. No me quedan las palabras que me quedan. Nada sale si se queda. Y hace mucho se ha quedado. Nuevos grilletes sin metal que se adhieren a esos círculos que no se acaban... nuevos días bipolares de felicidad y desconcierto. Fragilidad vuelta geometría sin esquinas. Y sigo aquí, esperándola. Y esperándome con ella.
agosto 26, 2013
Epifanía por Fernando
//Por la lluvia que fija los momentos
Llovía en el rostro agua de café.
La lluvia…
agua de color, agua caramelo.
Surcando el pómulo arrastraba
al niño, al hombre, al espíritu.
Estaba contigo, mirándote fijo.
Nació del deseo de un hombre como tú:
como tú sus manos,
como tú su voz.
-De buen corazón- te dijo.
Plantó en el tiempo un conjuro.
Se engendró del anhelo acogido en tu pecho.
Nutrió su más tierna infancia
en tu subyugado pesimismo.
Creció por años entre líneas,
grietas grises en el techo.
En falanges proximales,
medias y distantes hechas puño;
tras el hueso occipital.
En la primavera de tu lecho solitario
vivió viciada en aire de pleura;
en un suspiro atascado por años de nada.
Aire rezago, aire tristeza.
Y es que te deleitas tanto
escuchándote inventarme en tu prisión…
Él me predijo y tú, escéptico,
fuiste el arquitecto de la predicción.
Nací, crecí y he muerto.
Estaba contigo, mirándote fijo.
Frente a ti murió el recuerdo
de aquella promesa vuelta olvido.
Frente a ti nació el amor.
La lluvia…
nos tomó por sorpresa.
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