//Chico listo de mi corazón.
A veces me pierdo pero tú me encuentras
Desde que me encontraste yo me encuentro contigo
Si nos encontramos juntos tu mismo no estás tan perdido, pero si un día te perdieras, yo podría perderme por ti si con eso pudiera encontrarte.
agosto 29, 2010
mayo 07, 2010
Los que vienen...
//Jamás duran para siempre, espera lo que viene, siempre siempre hay algo. Creelo, intenta creerlo. Es una promesa, puedes creerme a mí.
Hay días, más que días deben ser temporadas, meses o más que meses...
Hay días donde ni el sol, ni el cielo, ni lo mejor de la vida funcionan de mucho...
Cuando se está solo, cuando se está triste, cuando falta algo, cuando no se sabe nombrar ese algo...
Durante esos días, durante esos meses, cuando los sabores no saben, ni los olores existen, cuando los colores no brillan...
Cuando las personas no sirven, cuando los amigos no alegran y la risa se olvida...
Cada instante en que no aparece el sentido, en donde no se vislumbra el destino...
Cuando los detalles se vuelven absurdos, cuando el amor se antoja a basura, cuando el pesimismo se acerca para quedarse...
Las veces en que se olvida lo bueno, se esconde el cariño y se pierden las ganas...
Los momentos en que se adopta la apatía, en que el futuro se arruina pon pensar sinsentidos...
Cuando lo absurdo del mundo, lo impersonal de la gente, la miseria de la peor parte de la soledad, el miedo del qué dirán, la agonía de un cada día, la falsa delicia de la rutina, el temor a lo nuevo, la rabia de lo no dicho, la impotencia de lo no hecho...
Días tras días envueltos en ciclos infinitos de cansancio, de aburrimiento y de nada...
Días de lo mismo, días vacíos, días de frío, días de nadie, días sin nadie...
Hay días en que da miedo mirar de frente a la vida, da tristeza y da soledad...
Peor por cada uno de esos días, temporadas, meses y más que meses, habrá un exacto contrario, un complemento antagónico.
Entonces, y solo entonces, podríamos notar que no valen tanto.
Hay días malos, tristes y solos...pero son días que nunca pueden durar por siempre.
Dicen que los buenos vienen justo después...yo voto que sí.
Es una promesa, puedes creerme a mí.
Hay días, más que días deben ser temporadas, meses o más que meses...
Hay días donde ni el sol, ni el cielo, ni lo mejor de la vida funcionan de mucho...
Cuando se está solo, cuando se está triste, cuando falta algo, cuando no se sabe nombrar ese algo...
Durante esos días, durante esos meses, cuando los sabores no saben, ni los olores existen, cuando los colores no brillan...
Cuando las personas no sirven, cuando los amigos no alegran y la risa se olvida...
Cada instante en que no aparece el sentido, en donde no se vislumbra el destino...
Cuando los detalles se vuelven absurdos, cuando el amor se antoja a basura, cuando el pesimismo se acerca para quedarse...
Las veces en que se olvida lo bueno, se esconde el cariño y se pierden las ganas...
Los momentos en que se adopta la apatía, en que el futuro se arruina pon pensar sinsentidos...
Cuando lo absurdo del mundo, lo impersonal de la gente, la miseria de la peor parte de la soledad, el miedo del qué dirán, la agonía de un cada día, la falsa delicia de la rutina, el temor a lo nuevo, la rabia de lo no dicho, la impotencia de lo no hecho...
Días tras días envueltos en ciclos infinitos de cansancio, de aburrimiento y de nada...
Días de lo mismo, días vacíos, días de frío, días de nadie, días sin nadie...
Hay días en que da miedo mirar de frente a la vida, da tristeza y da soledad...
Peor por cada uno de esos días, temporadas, meses y más que meses, habrá un exacto contrario, un complemento antagónico.
Entonces, y solo entonces, podríamos notar que no valen tanto.
Hay días malos, tristes y solos...pero son días que nunca pueden durar por siempre.
Dicen que los buenos vienen justo después...yo voto que sí.
Es una promesa, puedes creerme a mí.
abril 14, 2010
Una mirada hacia el futuro

//Para tí. Por dibujarme un mundo nuevo y llenar de colores el otro.
−Dime más, anda.
Estiró la mano un poco hacia atrás y tomó la de él. Entrelazaron los dedos.
−Pues todo funciona a base de una energía que fluye por las ciudades, es plasma sabes, alguien al fin logró potencializar la energía del sol y transformarla en plasma.
−Hmm…debe ser peligroso.
Saúl recorrió el índice por la frente de la chica, alisando la arruga que se había formado.
−Pues claro tonta, el plasma es peligroso.
Joseline sonrió.
− ¿Ahora de qué te ríes Joss?
−De ti obviamente.
Por supuesto que no era verdad. Saúl dejó de mirarla pero también sonrió.
− ¿Sabes de qué color es?
− ¿Qué cosa?
−Pues el plasma. ¡La energía de las ciudades!
Saúl recogió la pierna que tenía libre; cuidadosamente desató el nudo de dedos entrelazados y con el apoyo de ambos brazos se recargó para atrás, mirando el cielo.
−Color teal.
−Me parece que ya vas entendiendo, sí que es teal.
Joss giró los ojos en un gesto de fingido desespero.
−Que loco eres.
−A la mejor es que yo también voy aprendiendo.
Silencio.
− ¿El qué? ¿Aprendiendo qué cosa?
−El plasma obviamente ¿hablamos de eso o no?
Estiró sus manos y alcanzó su barbilla, atrayéndolo hacia ella.
−Saúl…mentiroso, dime, ¿estás aprendiendo qué?
− ¿Puedo besarte tonta?
Joseline volvió a sonreír.
−Ajá.
Saúl se inclinó bastante y dejó que ella guiara con sus manos, la cara hacia sus labios. Luego él volvió a echar los brazos atrás, recargar la cabeza sobre los hombros y mirar el cielo.
−Voy aprendiendo de ti esa locura.
−Ah, eso.
−Sí, eso.
Echó la mano una vez más hacia atrás. Saúl recargó todo su peso en un solo brazo y volvió a entrelazar sus dedos con ella.
− ¿Y luego?
−El aire acabó por limpiarse del todo y como la madera ya no se utiliza, ¿recuerdas la madera sintética que se logró fabricar con tierra, algunos químicos y agua salada?, los árboles crecen, por eso se limpió el aire.
− ¿Sin árboles cómo hacen papel entonces? La madera sintética no sirve para eso.
La mano libre se recargó sobre el pecho de Saúl, distraídamente el dorso sentía su corazón. Ritmo y frecuencia.
− ¡Pero qué preguntas son esas Jossy!
− ¿Me quieres cachorro de hombre?
−A veces nada más.
−Mentiroso mentiroso.
La voz le sonó a susurro.
− ¿Qué hay de la gravedad Saúl?
−Pues bien, obviamente es una fuerza que no se puede evitar, pero ya sabes, el magnetismo se usa ahora verdaderamente como se debe. Los campos magnéticos ahorran la energía y facilitan la vida.
Saúl se movió un poco y Joseline se levantó. Cuando cambió de posición y cruzó las piernas, ella volvió a recostarse.
−A veces te quiero, todas las demás veces te amo tonta.
− ¡Lo sabía!
−Jossy, ¿te conté de las naves?
−Es tu parte favorita.
−Como sea. Las naves transportan a las personas de una ciudad a otra, pero principalmente se usan para llevar a la gente a la tierra, porque ya sabes que todas las ciudades son flotantes…
−Lo sé hombre, lo sé.
−Toda la tierra quedó para los animales, las especies se regeneran y restablecen el equilibrio natural, claro que las personas van de visita siempre que quieren ver los bosques y demás.
Joseline se levantó y volteó sobre su hombro a mirarlo, extrañada.
− ¿Ya nadie vive en la tierra verdad? ¿Por qué eso?
−Ya te digo que solo es para visitas.
−Pero por qué.
Saúl sonrió, encantado por la insistencia.
−Un día decidieron que era lo mejor, por eso las ciudades están flotando sobre el mar y los acantilados, los humanos ya no intervienen en nada, se reivindicaron, ¿recuerdas? Solo visitan para maravillarse del resultado.
−Mjú. Me agrada eso de la nueva y mejorada idiosincrasia también. Ya era hora de que las personas dejaran de pensar en sí mismos solamente.
Jossy, sentada a su lado, recargaba la barbilla en su hombro y le rodeaba el cuello con el brazo. Saúl acariciaba la mano de ese brazo.
−La luna también está poblada ahora ¿verdad?
Saúl abrió los ojos alarmado. Ella levantó una ceja.
− ¡Pero por supuesto que no!
−Que raro eres.
−Jossy, mi amor, tonta, la luna la dejaron para los poetas y compositores.
− ¡Cierto! Como el mar.
−Exacto, para que todo el tiempo pudieran escribirse poemas y canciones, nada más, ya nadie vive en la luna y el mar.
Joss lo besó en la boca y luego se alejó un poco.
−Te amo Saúl.
Silencio pleno, dulce, compartido.
−Me amas.
− ¡Pues claro que sí aluminio mal reciclado!
El corazón del chico palpitó fuerte.
−Oye tú, ¿y todo eso es bonito?
Saúl la miró fijamente unos segundos. Se puso de pié, se sacudió un poco y dirigió ambas manos hacia ella. Le ayudó a levantarse. La chica lo abrazó por un costado con ambos brazos y Saúl a ella con un solo brazo en su espalda.
− ¿Lista mujer?
−Sí señor.
Con la mano libre Saúl cerró los párpados de Joss, a la vez que él mismo cerraba sus ojos y luego estiraba la mano hacia el horizonte.
El barranco empedrado y terroso que era el lugar en que estaban parados, en aquella montaña fuera de sitio, se transformó bajo sus pies en un acantilado.
Y luego de pronto todas esas ciudades, y el plasma visible entre las estructuras metálicas y los elevadores, todos los mecanismos magnéticos, las naves cortando el aire y…
− ¿Lo ves mi Joss?
−Sí.
Silencio, suspiro.
− ¿Y bien?
− ¡Es maravilloso Saúl!
La abrazó con más fuerza, cariñosamente, mientras ella acomodaba la cabeza en su pecho, muy cerca de su cuello. La cara levantada dirigiendo las palabras a su oído.
−Como tú.
Él besó su cabello y se quedó allí, recargado en ella, aún con los ojos cerrados. Sonriendo. Sonreía ante esa mirada del futuro que había dibujado para ella. Para los dos.
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